EL ENIGMA DE LOS AÑOS PERDIDOS
El cuerpo era una mancha oscura junto al arcén de la carretera. Permaneció largo tiempo inmóvil; luego sus manos empezaron a contraerse y se movieron palpando el asfalto. El hombre logró, al fin, apoyase sobre los codos y sentarse. Inmediatamente comprendió que estaba herido, de lo cual tuvo confirmación al pasarse los dedos por la frente y retirar la mano bañada en un líquido aliente y viscoso. Diose cuenta de que se encontraba en una autopista, pero por mucho que se esforzaba, no conseguía recordar cómo había ido a parar allí… y en tales condiciones. Era extraño, pero no recordaba nada de lo que había ocurrido después de que el huracán de fuego los embistiera a él y a sus conmilitones en aquella infernal islita del Pacífico. La última cosa que estaba viva en su memoria era una cegadora explosión, amarilla y roja, tal vez el estallido de una bomba. El hombre no se preocupó demasiado de ello. Sabía muy bien que un golpe en la cabeza podía causar amnesias d...